LOS GRADOS SUPERIORES Y MASONERÍA DE COLORES

LOS GRADOS SUPERIORES DE LOS MISTERIOS

Por C.W. LEADBEATER

Más allá de la enseñanza y adiestramiento proporcionados por los Misterios, clasificados en los tres grados ya considerados, los hierofantes también tomaban por su cuenta instruir y guiar a los aspirantes que habían demostrado ser aptos para ir aún más adelante.
No podemos decir que hubiera en Egipto algunos grados organizados más allá del tercero, el de Osiris, pero sí que había enseñanza individual que conducía a la adquisición de todavía mayores poderes, y a la formación de eslabones con seres de los más elevados niveles.

Los más altos grados del Antiguo y Aceptado Rito Escocés de nuestros días (los cuales quizá fueron establecidos allá por el Siglo XVIII, cuando se formó el Rito de la Perfección) reflejan en cierto límite estas más avanzadas líneas de progreso que existieron en Egipto. Pudiéramos, a partir del breve repaso a continuación, clasificados como están expresados en nuestra masonería Roja, Negra y Blanca.
MASONERÍA ROJA EN LOS MISTERIOS

Para aquellos Maestros Masones que, según la opinión de los sacerdotes en funciones, prometían, se fundó lo que ahora llamamos la Masonería Roja y la enseñanza que ahora está incluida en nuestro  Real Arco y grados relativos, culminando en la espléndida investigación (búsqueda) de los Caballeros de la Rosa Cruz acerca del mundo perdido, la verdadera divinidad del hombre.

En la enseñanza simbólica correspondiente a nuestro grado del Sagrado Real Arco, se le enseñaba al aspirante a deshacerse, en los niveles de su conciencia, de todos los velos que aún obstruían su visión de la realidad, y luego, en poder de esa visión, reconocer por sí mismo la Luz Oculta en todas las formas, sin importar qué tan hondamente pudiera estar enterrada y escondida para los ojos físicos.
Esto era tipificado como un viaje hacia arriba, durante el cual se cruzaban cuatro velos, y luego por una pesquisa hacia abajo en busca de una bóveda escondida, profundamente enterrada en el suelo, en la cual estaba simbolizado el nombre de Dios.
El propósito central de esta etapa era un positivo darse cuenta, en la conciencia, de que los muchos son Uno. Era más o menos sabido entre los no iniciados del mundo de afuera que todas las extrañas deidades de Egipto eran en realidad solamente manifestaciones de Una, mas, con toda probabilidad ellos no se dieron cuenta del hecho de la unidad, con absoluta claridad. En lo que correspondía al Real Arco en Egipto, encontramos que Dios era inmanente, en todas las cosas y había descendido hasta lo mínimo en lo que pudiera llegar a existir.
Los poderes conferidos en esta etapa capacitaban al candidato a darse cuenta de esta gran verdad, con alguna profundidad, y cierta expansión de conciencia le era dada para apresurar el desarrollo del principio institucional interno, y de esta manera se le ayudaba a reconocer la divinidad en los demás.
Había un considerable intervalo entre esta etapa y la siguiente, durante el cual el candidato estaba recibiendo instrucción de los sacerdotes y practicando la meditación acerca de lo que había aprendido.
Gradualmente se llegaba a dar cuenta de que, aunque había encontrado el Divino Nombre, y había tenido contacto
él mismo con la Luz Oculta de Dios, se abría ante él un más profundo campo de investigación en el que llegaría más hondo dentro de la conciencia y el ser de la Deidad.
Era entonces cuando iniciaba su segunda gran búsqueda, que lo llevaba por numerosas etapas, durante las cuales, diferentes atributos de la Deidad eran estudiados y hasta cierto punto comprendidos, hasta que culminaba en la magnificiente iluminación otorgada en lo que hoy llamamos el grado décimo octavo, el de Soberano Príncipe de la Rosa Cruz del Aquí. El candidato entonces encontraba al Amor divino reinando en su propio corazón y en el de sus HH.
También sabía que Dios había descendido y compartido nuestra más baja naturaleza a fin de que pudiéramos ascender a compartir con El Su verdadera naturaleza.
Este eslabón de contacto se hace todavía para los HH de la Rosa Cruz, y cada uno debe llegar a ser, por dondequiera que vaya, centro radiante de ese amor, olvidándose de sí mismo al máximo en aras de los demás.
Los esplendentes y purpúreos Ángeles de la Cruz Rosada, que ahora asisten a nuestros Soberanos Capítulos, y derraman a través de ellos la plenitud de su amor con miras al auxilio del mundo, eran también conocidos en el antiguo Egipto, y estaban conectados con los Soberanos Príncipes y con sus altos principios, para que su seráfico
amor también estuviera a la mano para distribuirlo en bendición.
El candidato era confiado a ellos, como sus guardianes, y tenía que darse cuenta de su unidad con los Ángeles, así como con sus HH.
A estas alturas, la intuición o buddhi en el candidato, esa oculta sabiduría que es Horus o el Cristo morando en el ser humano, era inmensamente acelerada y excitada, para que el candidato llegara a ser, hasta cierta medida, una manifestación del amor eterno que a últimas fechas fue llamado el Cristo, y así quedaba capacitado para trabajar sobre la naturaleza emocional, que es un reflejo parcial de ese amor en la materia del mundo astral, como para elevar en poder de amor a alturas a las que nunca antes había llegado.
Ahora se convertía en verdadero sacerdote, capaz de hacer bajar y esparcir el amor divino para auxiliar al mundo.
Un todavía más elevado grado de ese extraordinario poder capacitaba al H. para conferir éste, expansión de conciencia y transmitir estos espléndidos eslabones de contacto a los demás. Es este el poder reservado en nuestros Soberanos Capítulos al Sapo… Maest… y a los que han pasado el Trono en el grado Rosa Cruz.

MASONERÍA NEGRA EN LOS MISTERIOS

Pocos de nuestros HH. Egipcios parecen haber pasado más allá de la Rosa Cruz, pues solamente unos cuantos necesitaban algo más que la espléndida revelación del morador interno, el Amor de Dios, que ellos recibían en lo que llamamos el Grado Décimo octavo. Mas para esos pocos que sentían que aún había más que aprender acerca de la naturaleza de Dios, y que con ansia deseaban comprender el significado del mal y el sufrimiento, y su relación con el plan divino, existía el prototipo de nuestra Masonería Negra, la enseñanza y progreso comprendidos en nuestros grados del decimonono al trigésimo.
Esta sección de los Misterios se ocupaba especialmente del karma en acción, en sus diferentes aspectos, estudiado como ley de retribución, desde cierto punto de vista, oscuro y terrible. Este es el meollo de la verdad que está detrás de los elementos de venganza en el grado de Caballero Kadosch. Los aspectos oscuros del karma están en gran
parte conectados con la ignorancia humana sobre la naturaleza de Dios y la confusión respecto a las muchas formas en las que El Se revela, y de este modo los signos del grado 30 albergan el corazón de la filosofía kármica.
Tal grado no sería plena y válidamente conferido a menos que estos signos fueran debidamente comunicados, ya que expresan el significado y propósitos internos del karma.
En la antigua instrucción correspondiente a este grupo de grados se enseñaba que lo que se siembra se cosecha, si se siembra el mal, el resultado será doloroso para el que lo sembró. También se estudiaba el karma de naciones y razas y las modalidades de acción de la ley kármica en diferentes planos era investigada por medio de la visión
interna, y mostrada al estudiante. El total de lo que hoy llamamos Masonería Negra conducía a una explicación del karma como justicia divina, la cual ha sido preservada para nosotros en la sombra de lo que ahora es el grado 31, el de Gran Inspector Comandante Inquisidor, cuyo símbolo es una balanza.
En Egipto, ésta era tomada como emblema del perfecto equilibrio de la justicia divina; el aspirante aprendía que el mal y el horror asociados con el karma en acción si estaba basado en la justicia perfecta, aunque haya aparecido como mal ante la pequeña visión del profano.
Así es que el primer período de la elevada instrucción, el de la Rosa -Cruz o Masonería Roja, estaba dedicado al conocimiento del bien, en tanto que el segundo, el de Kadosch o Masonería Negra, estaba dedicado al conocimiento del mal. Luego, en los primeros pasos de lo que llamamos Masonería Blanca, coronando toda la gloriosa estructura, el candidato aprendía a ver la básica justicia de ese eterno Dios, Amon Ra, que lo mismo está detrás del bien como del mal. En días remotos, antes del kali yuga, en el que el mal predomina sobre el bien, los Caballeros Kadosch vestían de amarillo en vez de negro, para su oficio.
Nuestro grado 30 conecta el Caballero Kadosch con la rama directriz más bien que con la instructora de la Gran Jerarquía; el Caballero debe convertirse en centro radiante de energía perenne, la cual es para darle fuerza para sobreponerse al mal y para hacer de él un auténtico poder en el lado del bien.
El color prevaleciente de la influencia es un azul eléctrico (el del Rayo Primero totalmente diferente del azul de las Logias Azules o Simbólicas) orlado con oro, aunque sin ahogar el rosa del grado 18.
Existen también, asociados con el grado, grandes Ángeles azules del Primer Rayo, que prestan su fuerza al Caballero, en forma parecida a los Ángeles púrpura auxiliando a los Excelentes y Perfectos C… C… de la RosaCruz.
Un nivel más elevado de la misma energía se transmite a lo que hoy debiéramos llamar el Trono del Comandante
Soberano, quien tiene la capacidad de transmitir la gracia sacramental del grado a los demás.

MASONERÍA BLANCA EN LOS MISTERIOS

El más elevado y último de los grandes poderes sacramentales de los Misterios que nos han sido transmitidos es el que se confiere en el grado 33, el de Soberano Gran Inspector General. En el antiguo Egipto, había sólo tres que ostentaban el equivalente de ese grado supremo, el Faraón y otros dos, formando con él un triángulo interno, que era el corazón de todo el sistema de los Misterios, y el canal hacia ellos, de la Luz Oculta proveniente de la Logia Blanca detrás.
Los tres eran altos Iniciados de la Gran Hermandad Blanca, y el Faraón poseía un nivel aún más elevado de poder que el usualmente otorgado en el grado 33, el de Soberano Ungido y Coronado.
Se puede decir que los HH. de esta alta Orden habían pasado de una concepción de la justicia divina a la certeza de conocimiento y a la plenitud de la gloria divina en la Luz Oculta. El grado 33 conecta al Soberano Gran Inspector General con el Poderoso Rey Espiritual del Mundo -el Poderoso Adepto que está a la cabeza de la Gran Logia
Blanca, y en cuyas fuertes manos están los destinos de la Tierra-, y despierta los poderes del triple espíritu hasta donde pueden ser despertados en la actualidad.
El acto de conferir el grado era y es una grandiosa experiencia cuando se mira con la vista interna, ya que el Hierofante de los Misterios (quien en estos días modernos es el G.. M. . de Ger. .), se sitúa arriba o junto al Iniciador en esa extensión de Su conciencia que es llamada Ángel de la Presencia.
En el caso de que quien recibe el grado sea ya un Iniciado, la Estrella (llamada en Egipto la Estrella de Horus) que la aprobación del Iniciador único, una vez más flamea por sobre él con toda su gloria; en tanto, que en cualquier caso los dos grandiosos ángeles blancos del rito entregan su centelleante esplendor proveniente de sitios
celestiales, y se muestran descendiendo al nivel etéreo para poder dar su bendición al candidato.
El Hierofante ejecuta las conexiones reales tanto consigo mismo como con el manantial del poder separado para el trabajo de la Hermandad Masónica, y a través de él mismo, con el Poderoso Rey cuyo representante es El, en tanto que los grandiosos Ángeles blancos de la Orden, de por vida quedan como guardianes del H. El tiene en la mano derecha una aura de luz blanca brillante con dorado, y representa a Osiris, el Sol y la vida, el aspecto positivo de la
Deidad; ella, en la mano izquierda tiene un aura de luz semejante, veteada de plata y representa a Isis, la Luna y la verdad, el aspecto femenino o negativo de la gloria divina.
El poder de ellos es austero y espléndido, y da fuerza para actuar con decisión, certeza, valor y perseverancia en el plano físico; pertenecen a los órdenes cósmicos de Ángeles, los cuales son comunes a otros sistemas solares ajenos del nuestro, y sus centros de conciencia permanentes están en el plano intuitivo, aunque sus formas puedan
ser vistas siempre, pendiendo sobre la cabeza del iniciado de este grado en el nivel mental elevado. Debe recordarse que en realidad no existe sexo en estos grandiosos Ángeles, y sin embargo, uno de ellos es preponderantemente masculino en apariencia, y el otro preponderantemente femenino.
Cuando ellos lo consideran adecuado, se materializan mental y astralmente—como en las mayores ceremonias en la Logia—y están siempre listos para otorgar su bendición a cualquier hora que sea invocada. Son inseparablemente uno con el Soberano Gran Inspector General, conectados a su yo elevado, para nunca desertar, a no ser que por indignidad él los abandone primero y los aleje. Los símbolos del Sol y la Luna se ven hoy día en los guanteletes del Soberano Gran Inspector General, y hacen referencia a estos poderes angélicos en los mundos internos.
Los poderes asociados con el grado 33 parecen haber sido ligeramente modificados desde los tiempos antiguos de Egipto. Los grandiosos Ángeles blancos parecían ser más austeros y más radamantinos en el antiguo Egipto; los que ahora pertenecen al grado, en cierto modo son más suaves, si bien su poder no es menos espléndido. Esta etapa combinaba el maravilloso amor de Horus, el Hijo, con la inefable vida y fuerza de Osiris, el divino Padre, e Iris
la madre eterna del mundo; y esta unión del amor con la fuerza es todavía su más sobresaliente característica.
Confiere, a los que se acogen a su influencia, poder similar y sólo un poco abajo del de la primera gran Iniciación, y aquellos que poseen el grado 33 debieran con firmeza perfeccionarse para aquel paso a la mayor brevedad. En los grandiosos tiempos de los Misterios, en realidad esta etapa era accesible tan solo a los Iniciados, y creemos que así debiera hacerse ahora, de igual manera sería conveniente que el maravilloso don del episcopado debiera ser conferido solamente a miembros de la Gran Hermandad Blanca.
El poder del grado, al operar, se presenta en un aura de brillante blanco y oro, envolviendo en ella el rosa y azul del
Rosacruz y Kadosch y también manifiesta ese peculiar tono de azul eléctrico que es el signo especial de la presencia del Rey. El Soberano Gran Inspector General es el “Obispo” de la Masonería, y si de verdad vive la vida del grado, debe ser un centro eternamente radiante de poder, un auténtico sol de luz, vida y gloria, donde quiera que vaya.

Tal era el más santo de los poderes sacramentales conferidos en los Misterios del antiguo Egipto, tal es el más alto grado que nos es conocido en la Masonería actual, entregado en su plenitud a solo unos cuantos. La oportunidad a sólo unos cuantos. La oportunidad de disfrutar de esa sublime gloria está abierta para todos los que reciben el grado; qué tan lejos se lleve y qué empleo se dé a este poder, es asunto que está exclusivamente en manos del H., ya que para emplear el poder como es debido, se necesita alto desarrollo espiritual y una vida de constante humildad, observancia y servicio.
Si lo invoca para el servicio de los demás, fluirá a través de él potente y dulcemente para auxilio del mundo. Si descuida el poder, este quedará aletargado y los eslabones sin uso -y Aquellos que se encuentran detrás se alejarán de él en busca de otros de mayor valía. El poder del grado 33 es un verdadero océano de gloria, fuerza y
dulzura, pues es el poder del Rey, del Señor que gobierna sobre la tierra como Sub-regente del Logos de eternidad
en eternidad.

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